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viernes, 11 de noviembre de 2011

Mi crónica de la maratón de Nueva York


Como os había prometido, antes de cerrar la semana, laboralmente hablando, que el fin de semana algunos no os acercáis a un ordenador ni queriendo, os intentaré hacer llegar las sensaciones que he vivido estos días pasados en Nueva York y, sobre todo, la experiencia de formar parte de esta carrera, aunque sólo haya sido durante unos kilómetros y no haberla acabado.

Como sabéis viajé a Nueva York gracias a Gatorade España. Los chicos de Pepsico, líderes mundiales de bebidas para deportistas, habían puesto en marcha una promoción a nivel nacional en la que premiaron a 12 personas con un dorsal y el viaje y estancia en Nueva York para disfrutar de la maratón.

Poco antes contactaron conmigo y con el exfutbolista Iván Helguera para que “apadrináramos” o “Capitaneáramos” al grupo compartiendo nuestra experiencia, desde mi punto de vista como maratoniano de élita, y de Iván como uno más que se pondría las zapatillas con el objetivo de acabar su segunda maratón.


Este es el primer punto que quiero reflejar, la experiencia humana de compartir este viaje y esta maratón con unas personas estupendas, que han vivido este premios como algo excepcional, lo han exprimido, lo han disfrutado y, como recompensa, con mayor o menos sufrimiento, todos ellos lo han podido superar.

Aunque deportistas, los perfiles variaban desde experimentados maratonianos e incluso ultrafondistas, hasta triatletas o, como no, algunos debutantes que se enfrentaron en Nueva York a su primera maratón. Estos serán los que, seguro, más lo hayan disfrutado.

Jose Antonio, José Andrés, Magda, David, Jordi, Jorge, Lisbeth, Nacho, Nestor, Oli, Puechi, Jose y Toni, todos ellos junto a Maikel, Julien, Iván y acompañantes y el resto de la expedición de Sportravel, han vivido unos días excepcionales, no solo por el clima que hemos vivido en Manhattan, veranillo de San Miguel con retraso y en la costa este de los EEUU, sino por lo que hemos compartido y vivido justos.


El viaje fue el jueves 3 de noviembre, algunos nos veíamos por primera vez a pesar de habernos cruzado mensajes y “me gustas” por Facebook estas semanas.

El viernes comenzamos temprano con un rodajito por Central Park, rutina previa a la maratón visitando la llegada, dando una vuelta al gran lago de Central Park y luego a la Feria del Corredor dónde el frenetismo de las compras disolvió el grupo, salvo algunas excepciones y momentos, hasta el domingo por la mañana cuando esperábamos al autobús que nos levaría hasta la línea de salida en Staten Island.


Allí ya se leían en la cara los nervios, las incertidumbres, los más veteranos aconsejaban, los más novatos escuchaban, las palabras en el viaje hacia la salida de Fernando Sebastián, uno de los responsables de la expedición de SporTravel, nos dieron las últimas consignas: DISFRUTAR, Nueva York es una maratón para disfrutarla, para vivirla, a ser posible en compañía, es una experiencia única.


A las 7 y pocos minutos, casi 3 horas antes de la salida de la primera oleada, llegábamos tras un rodeo por New Jersey y de cruzar por dos ocasiones el puente de Verrazano que nos tocaría recorrer a pie horas después.

Bajamos del autobús y nos incorporamos a la marea que accedía a la zona de salida a los pies del puente, control de acceso, se quería quedar con mi mochila, con la que iba a correr, un poco de picardía española y para dentro.

Allí las despedidas, los colores de nuestros dorsales nos indicaban que algunos teníamos que separarnos, abrazos, frases de ánimo, nos empezaba a sobrar la ropa, iba a hacer un día estupendo.

Mi color, el azul, nos adentramos en nuestra zona, baños y más baños, café, geles y bebida isotónica, baggles, más baños, mucha gente pero sin estar apelotonados, cada uno pasando el tiempo como mejor sabía o podía, escuchando música acurrucados en una manta, charlando con compañeros o desconocidos, haciendo cola para el te, leyendo un libro o enredando con el móvil seguro que dando cuenta de los últimos momentos a familiares y amigos o al mundo entero a través de las redes sociales.


Después de estos momentos tocaba buscar cada uno su “corral”, tres oleadas de atletas, de corredores, tenían diferentes horarios: 9:40, 10:10 y 10:40. A mi me tocó la primera, no tenía que dejar ropa en los camiones de UPS que servían de Ropero, uno por cada 1000 dorsales, tiraría algo de ropa usada y el resto lo llevaría encima, no iba a acabar la prueba.

Antes de entrar en mi corral me cambié de ropa y todos los preparativos previos entablando conversación con un holandés muy simpático, le costó sacarme mi PB en maratón, como explicarle a un runner que quiere bajar de 4 horas que tú, con 2h12 vas a salir a trotar a más de 5 minutos el kilometro, seguro que no me creyó ;-)

Ya en mi corral empezamos a agruparnos los españoles, los dorsales del 1000 al 2000 indican corredores experimentados y muchos con ganas de hacer buenos tiempos, mi compañero extremeño Alfonso, no se cómo lo hace, está en todos los fregados y a pesar de su número de dorsal ahí está en el primer corral, igual que en el desfile del sábado con el chándal de España cedido gustosamente por Miguel Ángel Gamonal, su intención, bajar de las 3 horas, valiente, luego la maratón de NYC le pondrá las cosas difíciles.

Nos llevan a la salida, colocados detrás de los dorsales por debajo del 1000 vemos la salida de las élite femeninas, en solitario, unas 30-40 atletas parten a las 9:10 entre ellas mi compañera Alessandra Aguilar, espero que le llegaran mis gritos de ánimo.

Los élite masculina empiezan a calentar en una zona abierta mientras nosotros, ya encajonados pero no apretados, esperamos rodeados de autobuses de la organización, algunos muy especiales.


A las 9:25 presentación de los atletas de élite, los Mutai, Gebremarian, … pasillo para que lleguen a la parte delantera y unas palabras del Mayor de NY, el Sr Bloomberg para pasar al himno nacional cantado a capella por una chica de color con traje de agente de policía. La piel de gallina ya, manos en el corazón de muchos americanos que nos rodean, envidia sana de nuestro himno sin letra, y cuando acaba la cuenta atrás y el BOOM de salida con el que arranca el New York New York de Franck Sinatra.


Mientras paso el arco de salida este marca 8 segundos, tocará abrirse y coger ritmo crucero más lento porque la gente lleva prisa así que en cuanto puedo me abro a un borde del puente a disfrutar de las vistas y del resto de corredores de las siguientes oleadas que pululan por debajo del puente, algunos seguro que aún tomándose un Baggle o un café.


El puente, a pesar de la subida se pasa rápido, todas las caras van frescas, los ánimos altos y aunque no hay espectadores, nos animamos. Me van pasando atletas, los animo a los que puedo, hago fotos, hasta que Brooklin nos da la bienvenida pasada la 2ª milla. A partir de ahí comienza el espectáculo, gente y más gente a ambos lados de la calle, gritos, aplausos, saludos, choques de manos, ánimos entre nosotros, los corredores, avituallamientos, grupos de música, baños y más baños cada milla, y así kilómetros y kilómetros de emociones, deseando descubrir un corredor español para acercarme, animarle y si me daba pie, charlar con él, algunos me reconocían, otros caían al poco, otros ni eso, pero daba igual, allí estábamos disfrutando todos.


Brooklin y Queens pasan rápido, la primera media maratón es casi un suspiro, un disfrute contínuo, hastaque nos acercamos al puente de Queensboro, allí marcaremos la milla 15, el kilómetro 25, la fatiga empieza a hacer mella, los primeros corredores comienzan a andar, el silencio nos envuelve sólo roto por los jadeos y el sonido de nuestros pies, dan ganas de gritar y de animar a todos, pero las fuerzas ya no sobran como en las primeras millas.


Hasta que llegamos a Manhattan, allí de nuevo, la primera avenida, en tuda su anchura, nos recibe con las aceras repletas de gente, veo a Amaya en una zona con muchas banderas españolas, acabó mi carrera, muchos otros siguen. Tras comer y beber algo nos dirigimos a Central Park, allí llegamos y nos situamos sobre la milla 25, poco menos de 2km para el final, las caras han cambiado, se vuelven extremas, los que van bien van exultantes, los que van mal, llevan el sufrimiento marcado, pero todos corren, avanzan impulsados por el griterío, los ánimos de la gente agolpada en los laterales.


La vista atenta, trabajaba al 100% intentando descubrir caras conocidas y la voz saltaba como un resorte en gritos de ánimo en cuanto asomaba una bandera española, una camiseta de Proniño o algún indicativo aunque no hacía falta eso para animar a todos con aplausos y los “¡¡vamos vamos!!” más españoles.

Por la tarde nos íbamos encontrando por el Hotel, todos con su medalla al cuello, a alguno hubo que obligarle a subir por ella a la habitación, y es que una de las cosas que consigue muy bien Nueva York y su maratón es hacer al corredor, por popular y anónimo que sea, protagonista y héroe por unos días.


Casi todo el mundo, sobre todo extranjeros, que viajan a Nueva York, a su maratón, aprovechan para quedarse unos días. Para los que vengáis en el futuro aprovechadlo, un par de días o tres en los que, con la medalla de finisher al cuello recibiréis ánimos, elogios y enhorabuenas por parte de otros corredores, de camareros, dependientes, neoyorquinos…

En la maratón de Nueva York seréis héroes del running por un día, viviréis vuestra afición, vuestro deporte con la mayor intensidad que hará que el sufrimiento y el esfuerzo dedicado a preparar y a correr esta maratón merezca la pena, más allá del tiempo o del resultado.