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martes, 13 de junio de 2017

Voluntario en el avituallamiento del #MAM - El otro lado del Trailrunning

Este domingo ha tocado vivir el otro lado de las carreras, del Trail Running.

Sigo de recuperación de mis problemas de pincamiento de una pequeña hernia lumbar que me tiene tocado el nervio ciático izquierdo.

Tras deshacer todos los planes de competición en esta temporada de trail y con la única esperanza en poder al menos entrenar y correr un poco durante el verano por las montañas pensando ya en 2018, nos presentamos en el fin de semana del evento estrella de mi club de montaña, el Tierra Trágame madrileño, que organiza, desde hace más de 20 años el Maratón Alpino Madrileño, o MAM, uno de los pioneros en muchos aspectos de esta disciplina a caballo entre la montaña y el atletismo.

Así que avisé a mis compañeros para que contaran conmigo para tareas de voluntariado ese día, seguramente en avituallamientos, y al de Campamentos que nos asignaron, en principio sólo en el primer turno, de 8:30 a 9:30 de la mañana ya que a 4km de la salida, a medio camino entre Cercedilla y el Puerto de Navacerrada, los corredores pasaron en fila y veloces, sin mucha parada, por nuestro puesto en el que poco más que agua y alguna pieza de plátano nos tocó repartir.

El ambiente del avituallamiento era estupendo, buena sombra de un bosque de altos pinos, agua fresca a pocos metros, y la posibilidad de acercarnos dando un paseo desde el embalse de Navalmedio, por lo que bajé a Cercedilla al encuentro de Amaya, compramos algunas viandas y subimos dando un paseo con las peques hasta el avituallamiento para el segundo turno que se alargaría casi hasta las 18h

Llegamos pasada las 13h y no nos dio tiempo de ver a Noel, el ganador de la prueba, aunque si de animar a Álvaro Velázquez, segundo y compañero de equipo, ya saliendo del avituallamiento.

Plantamos el campamento y a ayudar a los compañeros con los corredores que, a cuenta gotas, con más o menos prisa, pero cada ver con más calor y ganas de llegar a meta o comer algo, iban pasando por nuestro puesto.

Las peques disfrutaron de lo lindo animando y refrescando a los corredores que así lo pedían, las duchas improvisadas con las garrafas de agua mineral que íbamos agotando y que eran un paraiso para los que venían con el termostato a punto tras el calor de las cumbres y meterse en el valle con mayor humead y sin viento que les refrescara.

La función de voluntariado en una prueba es vital, quizás la de los puestos de avituallamiento sea la que más me guste, el contacto con los corredores durante la prueba, esa posibilidad real de ayudarles, tanto físicamente con comida, bebida, como anímicamente con unas palabras incluso sacarles unas sonrisa. En unos segundos tienes que valorar las condiciones en las que llega el corredor, intentar adelantarte a lo que necesita: agua, comida, ánimos, es una sensación muy especial verte en el otro lado. No me quiero imaginar en pruebas mucho más largas tipo ultras en los que los avituallamientos se conviernes en zonas de vida para recuperar fuerzas, rehacerse y continuar la batalla contra las montañas y contra uno mismo.

Aunque tengo ganas de correr y ponerme un dorsal, seguro que no será la última vez que me ponga en el otro lado.

Os dejo un pequeño vídeo con algunas imágenes de lo que vivimos el pasado domingo en el MAM: